Los baños de leche de Cleopatra

Los baños de leche de burra con fines cosméticos son populares desde la antigüedad. Nosotros los conocemos principalmente gracias a las excentricidades de las que hacía gala Cleopatra, la última reina de Egipto, en sus versiones cinematográficas.

 

Algo tenía que tener la leche de este animal para que ya Hipócrates (460 – 370 AC), el “padre de la medicina”, fuese el primero en redactar sus virtudes medicinales. Durante la época romana la leche de burra estaba ya reconocida como un remedio común.

 

Los siglos fueron pasando y otras figuras enciclopédicas acreditaron la leche de burra como recipiente de numerosas virtudes. Su popularidad creció hasta aparecer bañistas de igual obsesión por los baños de leche de Cleopatra. Pauline Bonaparte, la hermana de Napoleón, es solo un ejemplo.

 

Con el tiempo, la leche de burra se destinó a la alimentación de personas con carencias nutricionales, como podían ser ancianos y recién nacidos. En la actualidad, con la baja producción que presenta frente a la leche de vaca, los entonces perseguidos beneficios de su leche parecen haberse olvidado.

 

Pero, ¿qué hace de la leche, sea cual sea su origen, un remedio cosmético?

 

Las bacterias que fermentan la leche producen ácido láctico. El compuesto del ácido láctico se usa mucho en la industria cosmética en productos anti-envejecimiento y para la reducción de arrugas. Los dermatólogos muchas veces se valen de estos compuestos para realizar tratamientos de descamación.

 

Es por eso que no es extraño que veamos leche en tratamientos de spa y en productos que intentan colarse en la despensa de nuestro baño con la promesa de restarnos unos años.

 

Y por mucho que prometan, aunque los resultados beneficiosos de los ácidos que producen las bacterias de la leche están sobradamente demostrados, muchas veces el beneficio que venden es exagerado.

 

Lo que no quita que lavando tu piel con leche favorecerás la eliminación de las células muertas y evitarás que tu piel se reseque por el efecto hidratante de su grasas y proteínas.

 

 

Cómo hacer un baño de leche en casa:

Como llenar la bañera hasta arriba supondría un gasto exagerado y un uso poco eficiente de la leche, la mejor idea es realizar un preparado con otros ingredientes beneficiosos para la piel.

 

Un poquito de miel, sal marina, granos de avena, algas marinas, especias, o aceites esenciales, pueden ser los extras que, aunque aporten solo una mejora aromática, construyan una mejor experiencia.

 

Una vez tengamos nuestro mejunje revitalizante definitivo, nos basta una esponja con la que empapar y frotar nuestra piel para aseguramos que el efecto de eliminación de células muertas tenga efecto

 

No es la experiencia mística que te transportará a la corte del antiguo Egipto, pero con este práctico y económico método será más fácil cumplir con los tres baños semanales que se recomiendan para que un tratamiento con leche ofrezca resultados.

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