Dolor de espalda al nadar: Errores y soluciones

Los beneficios de la natación son muchos, pero el dolor de espalda al nadar es una realidad que muchos padecen.

 

La sabiduría popular recomienda la natación para la mayoría de personas con algún tipo de lesión. Ciertamente, el bajo impacto del agua en el cuerpo es ideal para llevar a cabo una actividad física lo menos lesiva posible.

 

Muchos de los casos en los que siempre nos recomiendan la natación es cuando aparecen problemas de espalda. Aunque, como decíamos, practicar la natación puede causar problemas añadidos.

 

Estos problemas suelen darse cuando se practican estilos como el mariposa. Aparecen cuando los músculos de la espalda están hiperextendidos, o más estirados de lo normal.

 

Pero a esta dolencia que suele tener lugar en la parte lumbar de la espalda, se le pueden unir otras molestias cervicales que pueden llegar hasta el cuello. Una de las partes del cuerpo más vulnerables a los movimientos de natación bruscos.

 

Además, la complejidad de la médula espinal, que conecta con los músculos mediante conexiones nerviosas, puede verse afectada por estas malas prácticas dentro de la piscina. Muchas veces lo que pretendía ser un hábito saludable nos transporta al verano de los calambres.

 

 

“Me duele la espalda al nadar”

La única forma de no estresar aún más una espalda afectada, o una que comienza a resentirse sospechosamente tras la llegada del ejercicio, consiste en depurar la técnica de la que hacemos gala en la piscina.

 

Si vemos que nuestra técnica flaquea y nos encontramos ya en el agua, lo mejor es que nos ciñamos a estilos de natación menos peligrosos. Sería prudente nadar de espalda o de costado hasta que encontremos un tutor o repasemos un poco la teoría en YouTube.

 

Y aunque hayamos mencionado el estilo de espalda como una forma más segura de nadar, debemos tener en cuenta que si no estamos acostumbrados podemos agregar más tensión de la recomendada en el cuello.

 

La solución es no abusar de esta técnica si hace tiempo que no la practicamos. Por ello, es recomendable no ceñirse a la forma de nadar con que mejor nos manejamos. Así, podríamos cambiar al estilo que menos nos moleste en el momento del baño.

 

 

Accesorios para mitigar el dolor

Cuando es el cuello la parte que más se resiente, es probable que el causante sea una postura craneal demasiado atrasada. Un vicio típico de quien se preocupa por mantener la vista en la superficie

 

Unas buenas gafas de natación con las que desplazarse cómodamente en el agua pueden ser la solución a este problema. Por otro lado, el uso de un tubo para respirar puede recomendarse en los casos en los que la técnica de respiración no es la adecuada.

 

Cuando ya estamos padeciendo algún problema antes de entrar en la piscina, unos leves estiramientos, un poco de hielo o, como último recurso, la toma de unos antiinflamatorios, pueden aliviar el malestar.

 

Si vemos que nada de esto mejora nuestra condición física solo nos queda visitar al fisioterapeuta. Algo que muchas veces se deja para después del verano.

 

Nunca es demasiado pronto cuando el propio bienestar está en juego.

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